{"id":337,"date":"2017-03-30T11:06:14","date_gmt":"2017-03-30T16:06:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.villaescusadeharo.com\/kyezitri\/?p=337"},"modified":"2017-03-30T11:06:14","modified_gmt":"2017-03-30T16:06:14","slug":"mamocu-un-infierno-consentido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.villaescusadeharo.com\/kyezitri\/?p=337","title":{"rendered":"MAMOCU, un infierno consentido"},"content":{"rendered":"<p>La expresi\u00f3n <em>\u00abponer a alguien mirando pa&#8217; Cuenca\u00bb<\/em> cobra esplendoroso significado en la <strong><a href=\"http:\/\/mamocu.blogspot.com.es\/\" target=\"_blank\">MAMOCU<\/a><\/strong>, carrera de monta\u00f1a en la que los simp\u00e1ticos dise\u00f1adores del recorrido trazan un circuito que asciende a todos los cerros, numerosos y escarpados, que rodean la ciudad de <strong>Cuenca<\/strong>. No s\u00e9 si con \u00e1nimo de invitar al corredor a contemplar la belleza de esta capital <strong>Patrimonio de la Humanidad<\/strong> desde todas las perspectivas posibles o m\u00e1s bien, sospecho, con intenci\u00f3n de colocar al atleta en posici\u00f3n favorable para la penetraci\u00f3n anal. Algo de eso sentimos.<\/p>\n<p>Poco amigo de competiciones de media y larga distancia consciente, sobre todo, de los perjuicios para articulaciones y tendones, me atrev\u00ed el pasado domingo excepcionalmente con la <strong>MArat\u00f3n de MOnta\u00f1a de CUenca<\/strong>, a la postre <strong>Campeonato Regional de Carreras de Monta\u00f1a<\/strong>. En concreto, nos lanzamos al reto de la media marat\u00f3n, medida en m\u00e1s de <strong>veintid\u00f3s kil\u00f3metros y medio<\/strong> aqu\u00ed en Cuenca (no porque lo diga el GPS, que tambi\u00e9n, sino porque as\u00ed se informaba ya en el track de la organizaci\u00f3n). Mi anterior media marat\u00f3n fue en 2009 en <strong>Valencia<\/strong>, m\u00e1s corta, m\u00e1s joven y liviano, clima agradable, nulo desnivel, muchas chicas; supongo que ser\u00eda como comparar un churro con un botell\u00edn. Desde aquel d\u00eda hasta este domingo nunca me hab\u00eda dado por correr m\u00e1s de una hora, me remito para ello al principio de este p\u00e1rrafo.<\/p>\n<p align=\"center\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/4.bp.blogspot.com\/-HB1HJXzZoaw\/WIT733L4X0I\/AAAAAAAARw0\/y0Po8dg3FtU1zyHc3djp-2a-gI_w-yONQCLcB\/s640\/PERFIL_22k.jpg\" width=\"600\"><\/p>\n<p>Con una hora robada al sue\u00f1o y al descanso, y despu\u00e9s de una semana ali\u00f1ada con un eficaz virus gastrointestinal, tres inocentes villaescuseros nos presentamos bajo el nublado cielo conquense. Recogimos la bolsa del corredor, impoluta y sin tontunas de relleno, lo que es de agradecer: un bonito <em>buff<\/em> multicolor conmemorativo de la prueba y un pr\u00e1ctico chaleco cortavientos.<\/p>\n<p>Cuando, en la salida, miramos a nuestro alrededor nos sentimos marginados. Desde que empec\u00e9 a trotar por los alrededores del pueblo en 1999 (s\u00ed, no s\u00e9 por qu\u00e9 motivo pero la selectiva memoria recuerda mi primera salida con el buen tiempo despu\u00e9s de una tarde de estudio en aquella \u00e9poca en la que no exist\u00edan el <em>running<\/em> ni el <em>jogging<\/em>, a lo sumo el <em>footing<\/em>) siempre he corrido con zapatillas, pantal\u00f3n y camiseta, m\u00e1s sudadera y guantes en invierno. Y as\u00ed tambi\u00e9n mis dos compa\u00f1eros. Confesemos, no obstante, que los \u00faltimos meses hemos paseado el tel\u00e9fono para medir tiempo y distancia. Pero all\u00ed, en la l\u00ednea de salida, escuchando a un speaker que arengaba m\u00e1s que animar, tropezamos con una pujante raza atl\u00e9tica: el <strong>corredor de monta\u00f1a<\/strong>. Un ejemplar modelo de esta raza calza zapatillas de trail, usa medias compresoras para los gemelos, lleva mallas -cortas o largas- pero nunca pantalones de deporte, se sirve de una mochila o un cintur\u00f3n de hidrataci\u00f3n y casi siempre lleva gorra  para el sol o cinta en la frente para el sudor. Espero que no se desprenda ning\u00fan cariz peyorativo de la descripci\u00f3n porque en realidad envidio esa capacidad de adaptaci\u00f3n a la moda y esa tenaz obstinaci\u00f3n en mimar los detalles del hato.<\/p>\n<p>Desde que empiezo a correr pienso en el kil\u00f3metro en el que me voy a retirar. Las piernas me pesan desde los primeros metros, lo que achaco al virus de principios de semana. Nada m\u00e1s salir se sube el <strong>alto de la Guindalera<\/strong>: casi dos kil\u00f3metros de ascensi\u00f3n para un desnivel de unos 200 metros. Pienso que quiz\u00e1 hubiese sido m\u00e1s prudente inscribirse en la prueba de iniciaci\u00f3n de 10K, al fin y al cabo es la primera vez que afronto una carrera de monta\u00f1a. En lo alto, Km 4, estoy hecho polvo, as\u00ed que pensar en otros cuatro picos y otros dieciocho kil\u00f3metros se me antoja sobrehumano. No porque la distancia y el desnivel supongan una gesta \u00e9pica, sino por mi estado renqueante.<\/p>\n<p>Los tres nos lanzamos al descenso desde la Guindalera hasta los pies del <strong>J\u00facar<\/strong>. Marcos ha bajado miles de veces estas sendas con la bici \u00aba fuego\u00bb durante sus a\u00f1os de estudiante en la ciudad serrana, as\u00ed que disfruta como enano saludando a todas las piedras del camino entre saltos. Mientras, Pablo y yo aprendemos una lecci\u00f3n de perogrullo: los trails se corren con zapatillas de trail; en caso contrario es f\u00e1cil resbalar pisando una piedra h\u00fameda o una zona de barro y caer al suelo. No besamos el suelo durante el descenso de puro milagro. Intento levantar la vista y disfrutar de un paisaje espectacular, pero el cansancio y el miedo al tropiezo son much\u00edsimo m\u00e1s poderosos que el mundo contemplativo.<\/p>\n<p>Casi al final del descenso se bifurca la prueba para los de 22K y los de 10K. La tentaci\u00f3n de tomar el camino m\u00e1s corto es poderosa, pero decido que es preferible retirarse cuando fallen las piernas antes que limitarse a lo f\u00e1cil. Adem\u00e1s, en la bifurcaci\u00f3n nosotros seguimos descendiendo y los de 10K empiezan una peque\u00f1a ascensi\u00f3n, as\u00ed que ante la duda, para abajo.<\/p>\n<p>Estamos en la ribera del J\u00facar, en primavera, el ambiente es fresco y recorremos unos cientos de metros llanos, as\u00ed que disfrutamos inocentemente sin saber que vamos al matadero, al puto abismo. El infierno est\u00e1 en el Km 8,5, donde se dibuja un ascenso perfecto desde el J\u00facar hasta el <strong>cerro San Crist\u00f3bal<\/strong>, una senda casi lineal y escarpada de unos 750 metros con una pendiente media del 33% y rampas del 50%. Algo as\u00ed como subir un edificio de 80 plantas pero sin escaleras, intentando anclar el pie en la tierra para dar un paso m\u00e1s. Los corredores vamos en fila india, y dan ganas de agarrarse al tobillo del que te precede porque no puedes dar un paso m\u00e1s. Si lo das es por orgullo, por verg\u00fcenza, y por miedo a caerte hacia abajo y arrastrar como fichas de domin\u00f3 a todos los dem\u00e1s. Solo miras los pies del de delante, para ir pisando en los mismos sitios y llevar la cabeza agachada para no mirar lo lejos que est\u00e1 la cima, en el cielo. Cada paso es un martirio que hay que rumiar y tomar la decisi\u00f3n de dar porque tu cuerpo, por s\u00ed mismo, sabio, no lo dar\u00eda. Cuando quedan menos de 100 metros no puedo dar un paso m\u00e1s, tengo los gemelos completamente r\u00edgidos y con buen criterio me suplican una tregua. Me aparto de la fila, me siento y veo subir a los dem\u00e1s, entre ellos Marcos y Pablo. El descanso no dura m\u00e1s de quince segundos, que saben a gloria, y me incorporo otra vez a la fila para alcanzar la cima.<\/p>\n<p>Arriba casi me atraganto bebiendo agua desesperadamente en el avituallamiento. Agua, aquarius, golosinas, pl\u00e1tano y lo que vea. No llevamos ni diez kil\u00f3metros y tengo las piernas petrificadas, va a ser una quimera que me aguanten mucho tiempo. Pero bueno, ahora toca un descenso hasta el Km 11, cuando se cruza por el <strong>puente de San Pablo<\/strong>, y aunque solo sea porque Inma va a estar ah\u00ed animando hay que hacer un gratificante sacrificio. Mientras descendemos, nos cruzamos con los l\u00edderes de la prueba de 22K, que ya vienen de vuelta por el Km 14 y subiendo, qu\u00e9 m\u00e1quinas.<\/p>\n<p>Abajo cruzamos el famoso puente de madera los tres al trote, m\u00e1gicamente recuperados despu\u00e9s de asomarnos al averno. Nos anima Inma, me paro a darle un beso, y tambi\u00e9n los padres de Marcos, entre nuestras pesadas y ruidosas pisadas por el vertiginoso puente. Desde ah\u00ed comienza una nueva ascensi\u00f3n al <strong>cerro del Socorro<\/strong>, por el parador nacional. Esta subida es m\u00e1s tendida (m\u00e1s de un kil\u00f3metro para menos de 200 metros de desnivel positivo) pero estoy tan cansado que, desde las primeras rampas, sopeso abandonar y bajar a encontrarme con Inma. As\u00ed Pablo y Marcos podr\u00e1n ir a su ritmo y yo disfrutar de un merecido descanso. No s\u00e9 por qu\u00e9 no me doy la vuelta, pero voy subiendo estaci\u00f3n a estaci\u00f3n por los monolitos del <em>viacrucis<\/em> que adornan la subida; s\u00e9 que son catorce, que Jes\u00fas ya ha ca\u00eddo dos veces por el peso de la cruz y la Ver\u00f3nica le ha limpiado el rostro. Seguimos andando, en algunos tramos apoyando las manos en los muslos para ayudar a las piernas a dar la siguiente zancada.<\/p>\n<p>En la cima llevamos 12,5 Km, poco m\u00e1s de la mitad de la prueba, as\u00ed que ya he corrido m\u00e1s que los de 10K, he cumplido, puedo retirarme con la cabeza alta, pero reponemos fuerzas en el avituallamiento y nos lanzamos al descenso. Empiezo a bajar y les digo a Pablo y Marcos que ahora me pillan. Es el descenso m\u00e1s dif\u00edcil y peligroso, con grandes escalones y mucha piedra suelta. A los cu\u00e1driceps les cuesta un mundo retener la inercia de mi cuerpo, as\u00ed que intento descender haciendo eses, como esquiando, para minimizar el impacto en los maltrechos m\u00fasculos, que est\u00e1n a punto de saltar por los aires. Pablo tropieza y cae, pero como va detr\u00e1s no lo veo, as\u00ed que sigo bajando muy concentrado, consciente de que como me d\u00e9 un tir\u00f3n bajar\u00e9 rodando hasta el auditorio. Al final del todo hay una cuerda para bajar <em>rapelando<\/em> la \u00faltima roca, me agarro y mientras bajo sonr\u00edo pensando en lo inocente que fui al inscribirme. Aqu\u00ed en el auditorio, Km 13,7, est\u00e1 el punto de control: hab\u00eda que llegar en tres horas y, como no llevo reloj, no s\u00e9 ni cu\u00e1nto llevamos. Marcos dice que vamos bien, que llevamos una hora y cuarenta. M\u00e1s o menos lo que se tarda en hacer una media marat\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora toca subir al <strong>alto del Castillo<\/strong>. No es que sea f\u00e1cil ni corta, pero de todas las ascensiones es la m\u00e1s asequible, as\u00ed que en contra de la voluntad de mis piernas tiro para arriba. Amenazan con boicotear los deseos de mi ilusi\u00f3n, pero se resignan y siguen dando un paso tras otro, escal\u00f3n a escal\u00f3n, aunque est\u00e9n ya solidificadas desde los gemelos hasta los gl\u00fateos. S\u00e9 que Marcos y Pablo podr\u00edan ir m\u00e1s r\u00e1pido y les animo a que busquen un tiempo que los deje satisfechos, pero prefieren que vayamos los tres juntos (casi seguro que porque promet\u00ed invitarlos a comer). En lo alto del castillo estamos en el Km 15, as\u00ed que calculo que quedan m\u00e1s de siete todav\u00eda. En este momento pienso que voy a seguir hasta que me respondan las piernas, que no puedo pensar en abandonar salvo que estallen las fibras de los m\u00fasculos.<\/p>\n<p>En el descenso del castillo al r\u00edo nos adelantan como gamos los dos l\u00edderes de la prueba de 42K, que salieron una hora antes que nosotros y que vuelan hacia la meta en genial duelo; sacaron veinte minutos al tercero del marat\u00f3n. Al final de la bajada hay un kil\u00f3metro llano, otra vez por la ribera del J\u00facar, pero ya me cuesta un mundo trotar. A duras penas alcanzamos la base de la \u00faltima ascensi\u00f3n de m\u00e1s de 200 metros de desnivel por la ermita de <strong>San Juli\u00e1n el Tranquilo<\/strong>. Me convenzo a duras penas de que <em>\u00aben subiendo ya es to&#8217; bajar\u00bb<\/em> aunque mis fuerzas est\u00e9n exprimidas. Hacemos la subida andando y, en los tramos de descanso, intento trotar, trotar como lo har\u00eda un elefante en terreno embarrado, m\u00e1s artificio que eficacia. Sospecho que los m\u00fasculos de las piernas han llegado a un acuerdo democr\u00e1tico de tal forma que no van a permitir a ninguno de ellos conceder el privilegio de su propia distensi\u00f3n. Cuando falta poco para la cima adelanto a un atleta que va todav\u00eda peor que yo y me dice que ya hemos entrado en <em>\u00abmodo walking dead\u00bb<\/em>, como no tengo fuerza ni para contestar, afirmo, sonr\u00edo y contin\u00fao. Me duele hasta la espalda de empujar <em>\u00abcon los ri\u00f1ones\u00bb<\/em> en las zonas con m\u00e1s desnivel.<\/p>\n<p>En la cima estamos ya en el Km 19 y ahora ya es todo bajada hasta la meta. Cruzo los dedos para que me respeten los m\u00fasculos y trotamos hacia abajo. Luego en la ducha un chico cuenta que se ha tenido que retirar en el Km 19, qu\u00e9 rabia, podr\u00eda haber rodado hasta la meta. Son tres kil\u00f3metros de bajada, pero se hacen eternos, con las piernas gran\u00edticas, descendiendo el alto de la Guindalera que subimos al principio de la prueba. Estoy a punto de tropezar dos o tres veces con piedras y ra\u00edces, ya exhausto, nos adelantan unos cuantos corredores que est\u00e1n sacando fuerzas de flaqueza para maquillar su tiempo. A m\u00ed obviamente me dan igual el tiempo y la posici\u00f3n, he sufrido demasiado como para que un pu\u00f1ado de minutos deprima mi satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Llegamos a la <strong>meta<\/strong> junto al cuarto clasificado de la prueba de 42K, as\u00ed que el speaker ni se fija en nosotros, Inma y los padres de Marcos nos aplauden y hacen fotos, claro, ya casi estaban preocupados porque no lleg\u00e1bamos. Cuando cruzamos el arco de meta veo que hemos tardado m\u00e1s de tres horas, posici\u00f3n <strong>145<\/strong> de casi trescientos inscritos, a Marcos y a Pablo les da un poco de verg\u00fcenza y se van a estirar donde no los vea nadie. Yo estoy tremendamente orgulloso de haber vencido a un trail que los propios expertos califican como rompepiernas (<strong>+1300m<\/strong>, es decir, subir un edificio de m\u00e1s de 400 plantas), de soportar una prueba que triplica el tiempo que normalmente salgo a correr, de superar una recurrente sobrecarga en el s\u00f3leo durante los \u00faltimos meses y un virus a principios de semana. Soy consciente de que la gesta no es \u00e9pica ni sobrehumana pero todas las circunstancias eran adversas.<\/p>\n<p>Para celebrarlo nos vamos a comer al <strong>Nazareno y Oro<\/strong>. La compa\u00f1\u00eda es inmejorable, el cochinillo asado sabe a gloria, hemos pasado un domingo de sufrimiento y diversi\u00f3n, aunque parezcan adjetivos ant\u00f3nimos. Entre bocado y bocado planteamos inscribirnos a la MAMOCU 2018, aunque nos vuelvan a poner mirando pa&#8217; Cuenca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La expresi\u00f3n \u00abponer a alguien mirando pa&#8217; Cuenca\u00bb cobra esplendoroso significado en la MAMOCU, carrera de monta\u00f1a en la que los simp\u00e1ticos dise\u00f1adores del recorrido trazan un circuito que asciende a todos los cerros, numerosos y escarpados, que rodean la ciudad de Cuenca. 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