{"id":446,"date":"2020-12-19T12:04:16","date_gmt":"2020-12-19T17:04:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.villaescusadeharo.com\/kyezitri\/?p=446"},"modified":"2020-12-28T13:19:28","modified_gmt":"2020-12-28T18:19:28","slug":"cayetano-y-el-chocolate-alfonso-j-y-el-vino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.villaescusadeharo.com\/kyezitri\/?p=446","title":{"rendered":"Cayetano y el chocolate; Alfonso J y el vino"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><a href='https:\/\/www.villaescusadeharo.com\/kyezitri\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/omos.jpg'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.villaescusadeharo.com\/kyezitri\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/omos.jpg\" alt=\"\" title=\"\" width=\"250\" height=\"425\" class=\"aligncenter size-full wp-image-447\" srcset=\"https:\/\/www.villaescusadeharo.com\/kyezitri\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/omos.jpg 250w, https:\/\/www.villaescusadeharo.com\/kyezitri\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/omos-176x300.jpg 176w\" sizes=\"auto, (max-width: 250px) 85vw, 250px\" \/><\/a><br \/>El ombligo de <strong>Alberto Olmos<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"right\"><em>No me conmueve el horizonte<br \/>\nNo me da miedo la muerte<br \/>\nNo me importa tu desorden<br \/>\nMe asusta mucho perderte.<\/em><br \/>\n<strong>[<em>Autorretrato<\/em>, Tulsa]<\/strong><\/p>\n<p>Te regal\u00e9 <strong>Irene y el aire<\/strong>, la nueva \u00abnovela\u00bb de <strong>Alberto Olmos<\/strong>, el d\u00eda de tu \u00absanto\u00bb previendo garant\u00eda de \u00e9xito: regalar a una matrona por el d\u00eda de la <strong>Inmaculada Concepci\u00f3n<\/strong> un libro sobre el parto y la paternidad en un hospital en el que ha trabajado era apuesta poco arriesgada. Te dur\u00f3 media madrugada, a m\u00ed un par de d\u00edas; nos sentimos interpelados en cada frase, en cada idea de Olmos.<\/p>\n<p>En realidad, la novela no apabulla en contenido: es cierto que el alumbramiento es el momento m\u00e1s luminoso de cualquier existencia, pero hemos sido tantos miles de millones los padres y madres del mundo que podr\u00eda considerarse banal y vanidosa, de antemano, la intenci\u00f3n narrativa. Concretando, <em>Irene y el aire<\/em> se centra en el relato con mucha destreza de un escritor cuarent\u00f3n sobre su paternidad en el <strong>12 de Octubre<\/strong> a partir de unas notas recogidas al alim\u00f3n con su novia <strong>Eugenia<\/strong> en un cuaderno autobiogr\u00e1fico. Y \u00absu\u00bb parto no tiene nada de carism\u00e1tico: pareja primeriza que concibe a ni\u00f1a sana por parto natural en hospital madrile\u00f1o. Lejos, por ejemplo, de la narraci\u00f3n de <strong>Sergio del Molino<\/strong> en <strong>La hora violeta<\/strong> que escribe una carta de amor a su hijo que muere por leucemia o de <strong>Francisco Umbral<\/strong> en <strong>Mortal y rosa<\/strong>, que acompa\u00f1a la infancia de su \u00fanico hijo <em>Pincho<\/em>, fallecido de forma prematura con 6 a\u00f1os tambi\u00e9n por leucemia, en un libro po\u00e9tico de llorar a la vuelta de cada p\u00e1rrafo.<\/p>\n<p>El m\u00e9rito de Olmos, si cabe, es que va a vender bastantes ejemplares porque la narraci\u00f3n es \u00e1gil y absorbente y porque su nombre ya se ha hecho un hueco en el panorama actual por su irreverencia pol\u00edtica. Y cuando te digo esto y me dices que he obviado la mitad de los detalles del libro, y me lo argumentas, hundes mi orgullo con tu raz\u00f3n, porque hay muchas aristas con <em>lectura obst\u00e9trico-ginecol\u00f3gica<\/em>: c\u00f3mo trabajar para que el padre no se sienta desplazado, c\u00f3mo esforzarse en empatizar con la embarazada a pesar del horario de los turnos laborales, qu\u00e9 abismo tuvo que sufrir el padre solo con su hija reci\u00e9n nacida en brazos, qu\u00e9 principiante irse a por el coche y la bolsa de mudas en el peor momento, qu\u00e9 necesidad de protagonismo paterno sea impostado o realmente sentido.<\/p>\n<p>Me pides que imite a Olmos, no por egolatr\u00eda sino por inter\u00e9s real, como madre y como matrona. Toda madre ha narrado su parto mil veces pero pocos padres han manifestado su vivencia, por pudor o por insignificancia, y ah\u00ed reside el m\u00e9rito de Olmos, en la singularidad de lo m\u00e1s humano. La memoria siempre traiciona al pasado y a la realidad, m\u00e1xime en una situaci\u00f3n l\u00edmite, pero cuanto menos se rememora mayor margen de maleabilidad delegado en la memoria. Y mi memoria, lamentablemente, se caracteriza por su fragilidad.<\/p>\n<p>Lo malo de que la madre sea matrona es que te desentiendes de las dudas. Cada pareja primeriza arrastra un alijo de inseguridades, de problemas reales y posibles, de sangrados mortales o lavables, de contracciones preventivas o notariales, qu\u00e9 silla es mejor para el coche, lactancia materna, piel con piel, marca de cremitas para el culete. Incluso ignoraba que los partos se pod\u00edan programar sin recurrir a la ces\u00e1rea, que te citan en el hospital para inducir la expulsi\u00f3n en X semanas m\u00e1s Y d\u00edas de embarazo. Y as\u00ed nos convocan el martes <strong>17 de octubre de 2017<\/strong> a primera hora de la ma\u00f1ana. Lo l\u00f3gico es pensar que, ya que te dan cita para inducir el parto, el proceso sea r\u00e1pido: est\u00edmulo, expulsi\u00f3n, beb\u00e9, pim, pam, pum. Pero no, desde el aviso al cuerpo materno v\u00eda \u00f3vulo vaginal de prostaglandina hasta la expulsi\u00f3n se suceden durante horas los gritos y dolores. Pasan las horas y las contracciones, brotan mugidos de desesperaci\u00f3n desde un abismo interior cada vez con m\u00e1s frecuencia e intensidad, rezas a todos los dioses de todas las religiones en todas las posturas que mitigan tu calvario.<\/p>\n<p>Primero, en la habitaci\u00f3n de la maternidad, despu\u00e9s en la sala de dilataci\u00f3n y, por \u00faltimo, en el paritorio. Cada cuerpo es un mundo, sirva la obviedad, y recorre su peregrinaje hasta el parto con diferentes ritmo y pendiente de dolor. Nosotros no podemos entenderlo, no podemos sentir ese dolor, ese empuje innato de la naturaleza que quiere abrirse paso entre las piernas de una mujer. Me recuerda a una novela de <strong>S\u00e1ndor Marai<\/strong>: <em>\u00aba veces ella, cuando ten\u00eda miedo, dec\u00eda descarada y desafiante: s\u00f3lo soy una mujer\u2026 Como si uno dijera: s\u00f3lo soy el <strong>Ni\u00e1gara<\/strong>\u00ab<\/em>.<\/p>\n<p>Supongo que es dif\u00edcil recordar horas concretas pero s\u00e9 que despu\u00e9s de m\u00e1s de doce horas en el hospital, sobre la hora de una cena tard\u00eda, sientes que ya tienes que estar madura. La matrona te dice que has avanzado poco pero como os expres\u00e1is en cent\u00edmetros que en realidad son dedos no os entendemos. M\u00e1s de doce horas de dolor desaprovechadas. Te hundes y lloras porque haces una regla de tres simple y te sale como resultado un sufrimiento eterno. Si no me desmorono bajo tus l\u00e1grimas es porque no tengo ni idea de lo que significa la cifra cantada por la matrona bajo tu camis\u00f3n. El equipo del paritorio entiende tu desesperaci\u00f3n y propone un plan alternativo: droga para dormir un rato y que el \u00fatero trabaje sin molestar durante unas horas pero prohibi\u00e9ndote parir mientras dura su efecto porque podr\u00eda tener efectos letales para el beb\u00e9; esta es mi explicaci\u00f3n <em>for dummies<\/em>, y no tengo otra. Te drogan en la sala de dilataci\u00f3n asignada y volvemos a la habitaci\u00f3n a descansar. En la noche escandalosa de un paritorio en ebullici\u00f3n -cinco partos si no recuerdo mal-, t\u00fa duermes como si no tuvieses contracciones, como si tu cuerpo no librase una magn\u00edfica batalla por la vida, y como si las paredes no se estremeciesen ante cada ronquido de nuestro compa\u00f1ero de habitaci\u00f3n, que ayer fue padre y goza literalmente <em>\u00abel descanso del guerrero\u00bb<\/em>. Me veo como centinela en vela que lucha por dormir contra los elementos: la adrenalina, el inc\u00f3modo sill\u00f3n y los molestos ronquidos.<\/p>\n<p>En la madrugada muy avanzada despiertas con hambre y nos acercamos a la m\u00e1quina expendedora de guarrer\u00edas, a saber qu\u00e9 eliges, algo de chocolate. El camino de vuelta a la habitaci\u00f3n se completa entre varias estaciones de dolor en las paredes del pasillo: si queda mucho la tortura ser\u00e1 insufrible. Pides volver a la sala de dilataci\u00f3n y entonces todo sucede demasiado deprisa. No sabr\u00eda ordenar cronol\u00f3gicamente: te monitorizan y las cifras que canta la \u00abm\u00e1quina de intensidad de las contracciones\u00bb son de <em>cum laude<\/em>, notifico por <em>wasap<\/em> a ambas familias que estamos <em>en completa<\/em>, me muerdes el brazo en mitad de una contracci\u00f3n, m\u00e1s vale un hijo que un pedazo de antebrazo, te arrancas las v\u00edas con desesperaci\u00f3n y te sangra la vena del brazo, todo se llena de fluidos, la cama, mis brazos, el camis\u00f3n. Llaman a <strong>Inma<\/strong>, tu amiga matrona, para asistir el parto, y viene con contagiosa vitalidad aunque sean las cuatro o las cinco de la ma\u00f1ana y est\u00e9 durmiendo en casa. Creo que llegas a pedir la epidural, contra tus intenciones, pero no da tiempo porque el anestesista est\u00e1 ocupado (o la anestesista est\u00e1 ocupada). Dices que \u00abquieres empujar\u00bb y entiendo que no es que \u00abquieras\u00bb sino que de forma instintiva tu cuerpo va a engendrar otra vida humana por las buenas o por las malas en ese instante. Ah\u00ed ya no queda nada de conciencia, de libre elecci\u00f3n, solo el sometimiento a los designios de la naturaleza para perpetuar la especie humana en este mundo.<\/p>\n<p>Nos pasan al paritorio adjunto y te colocan en una silla de partos como las que tenemos registradas en nuestra memoria colectiva, boca arriba y con las piernas abiertas. Entonces comienza la cuenta atr\u00e1s tras cada empuj\u00f3n entre contracciones. Me fascina el papel de la matrona, acompa\u00f1a, no interviene, recomienda, tranquiliza. Veo salir la cabeza del beb\u00e9, todo va bien, yo que me pensaba incapaz de asistir a ese momento, pudoroso entre sangre y dolor. Sigues sufriendo, su mano te rasga porque la trae en la cara. Como si la matrona estuviese a la espera de cogerlo al vuelo, expulsas al beb\u00e9 y ella captura el trofeo con destreza a las seis menos diez de la ma\u00f1ana. Ni siquiera veo c\u00f3mo pinzan y cortan el cord\u00f3n umbilical. Despu\u00e9s de m\u00e1s de nueve meses de bendito parasitismo se convierte en un ser independiente. Te lo dan, lo besas, ha nacido, pero no soportas el dolor y quieres que \u00bfyo? lo coja. \u00bfYo? Quince mil conversaciones y una investigaci\u00f3n adornada con un p\u00f3ster en un congreso mientras estudiabas la especialidad sobre el <em>piel con piel<\/em> para que ahora no admitas la evidencia. La teor\u00eda y la pr\u00e1ctica. Al final accedes al piel con piel mientras pasas el duro tr\u00e1mite de expulsar la placenta. La matrona estira con cuidado del cord\u00f3n umbilical poco a poco para extraerla, la casquer\u00eda de la vida pesa mucho, molesta mucho. Pensabas que el dolor terminaba con el beb\u00e9 y no con la liberaci\u00f3n de la placenta, lecci\u00f3n anotada, por eso la acepci\u00f3n literal de \u00abalumbramiento\u00bb es la expulsi\u00f3n de la placenta y membranas. Ahora ya s\u00ed, tres cuatrocientos.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o <strong>Cayetano<\/strong> est\u00e1 sucio, lleno de l\u00edquido amni\u00f3tico y sangre, con la nariz aplastada y la cabeza espachurrada. Solo pienso en lavarlo pero dices que la piel absorber\u00e1 toda la grasa en su propio beneficio, la naturaleza es fascinante; con autoridad remarcas que los hospitales que lavan al reci\u00e9n nacido est\u00e1n obsoletos. Nos pasan a la habitaci\u00f3n de puerperio y, en el camino, me dejan escaparme para notificar a ambas familias, en la sala de espera del paritorio, que todo ha salido bien, que Cayetano ha nacido y que t\u00fa est\u00e1s bien, no s\u00e9 si lo llegu\u00e9 a pronunciar o simplemente mi emoci\u00f3n y mis l\u00e1grimas manifestaron la felicidad.<\/p>\n<p>La sala de puerperio es una salita peque\u00f1a en penumbra, como si el hospital ofreciese un servicio de relajaci\u00f3n e intimidad durante dos horas. Yo ignoraba por completo la existencia de este lugar y este tiempo. Inma, la matrona, especula con el parecido y nos hace un par de fotos de recuerdo antes de dejarnos solos. No recuerdo haber hablado mucho contigo durante las horas previas pero s\u00ed en esas dos horas. Te digo que ahora tenemos que aprender a querer a nuestro hijo, que de momento no es <em>nada<\/em> m\u00e1s que un reci\u00e9n llegado. Que, por ahora, te quiero m\u00e1s a ti que a \u00e9l. Mientras, t\u00fa ya lo est\u00e1s amamantando, es decir, queriendo. Y recuerdo un comentario que me hizo un amigo durante el embarazo: <em>\u00aben cuanto veas salir a tu hijo, lo vas a mirar y vas a pensar &#8216;\u00a1co\u00f1o, yo a este lo conozco!'\u00bb<\/em>. Ese dieciocho de octubre llovi\u00f3 much\u00edsimo.<\/p>\n<p>Cada nacimiento es un mundo \u00fanico y singular. <strong>12 de junio de 2020<\/strong>. Tienes cita en monitores, salimos ma\u00f1ana de cuentas pero en la consulta te dicen que no ser\u00e1 inminente. Cuando volvemos de <strong>Cuenca<\/strong> te comento que podr\u00edamos volver a la capital a cenar, por si acaso, porque asimilamos el temor a una hora de viaje con el parto desencadenado. Sabemos que <strong>Alfonso Javier<\/strong>, concebido en la resaca de la celebraci\u00f3n del cincuenta aniversario, debe nacer el d\u00eda de <strong>San Antonio de Padova<\/strong>, patr\u00f3n de la familia por las peticiones atendidas y certificadas desde 2005. Cenamos entre mascarillas en la terraza de la marisquer\u00eda <strong>Joni<\/strong>, tomamos un gintonic en <strong>El Gallo<\/strong> y despu\u00e9s nos damos un paseo por la calle del agua. M\u00e1s que a multiplicar una famlia parece que hemos ido de turismo. Dudamos entre las alternativas: volver a casa, ir a dormir a un hotel o acudir al hospital. Optamos, con acierto, por la \u00faltima opci\u00f3n y nos ingresan autom\u00e1ticamente en la habitaci\u00f3n 212. En Cuenca no suele haber muchos nacimientos, as\u00ed que nos asignan una habitaci\u00f3n libre, tengo cama. La experiencia es un grado: t\u00fa te pones a leer entre contracciones y yo a dormir. Hasta que sobre las tres y media me despiertas y me dices que ya no aguantas m\u00e1s. Nos vamos a parir.<\/p>\n<p>La sala de dilataci\u00f3n es m\u00e1s l\u00fagubre que la de <strong>Alc\u00e1zar de San Juan<\/strong>, m\u00e1s vieja, m\u00e1s peque\u00f1a, peor iluminada. Las contracciones son ya muy fuertes pero te sientes c\u00f3moda entre una matrona veterana con la que coincidiste en tu especialidad y una matrona residente menuda y atenta. T\u00fa conoces sus nombres. Informas que \u00abquieres empujar\u00bb y van a preparar el paritorio con premura. Mi papel se limita a darte agua y sostener en tu espalda baja un coj\u00edn caliente con fuerte olor a romero, in\u00fatil auxiliar de un p\u00fagil en combate de boxeo. Sucede todo tan r\u00e1pido que apenas da tiempo a ir de la sala de dilataci\u00f3n al paritorio aunque los separen pocos metros; a la mitad de camino te viene una contracci\u00f3n fuerte, casi para quedarnos a parir en el pasillo. Llegamos a la sala de partos y todo fluye con una naturalidad fascinante. Te agachas y te apoyas en m\u00ed, o te agachas y te sujeto de los hombros. Declinas tumbarte en la silla de partos, quieres parir como est\u00e1s, <em>en cuclillas<\/em>, no por romanticismo sino porque sientes que tu cuerpo te lo pide. Empujas sabiendo c\u00f3mo y cu\u00e1ndo, para asombro de la aprendiz de matrona y orgullo gremial de la veterana. Pides silencio porque entre todo el equipo montan mucho esc\u00e1ndalo, a m\u00ed tambi\u00e9n me estaba molestando la confianza pero no ten\u00eda derecho a r\u00e9plica. La m\u00e1s joven se muestra entusiasmada, a pesar de su inc\u00f3moda posici\u00f3n casi en el suelo, y no para de repetir <em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 bien, Inma!\u00bb<\/em>. Entre cada contracci\u00f3n, un empuj\u00f3n consciente, meditado y medido para concluir una expulsi\u00f3n sobresaliente a las cuatro y media de la madrugada.<\/p>\n<p>El viejo suelo es un gran charco de sangre y fluidos, incluso pides perd\u00f3n por haberlo ensuciado, como si estuvieses pidiendo una fregona para recogerlo. Esta vez s\u00ed acurrucas al beb\u00e9 entre tus pechos entre besos y sonrisas. Creo recordar que en este momento s\u00ed te apartas la mascarilla para besar al beb\u00e9. Yo tambi\u00e9n te doy un beso en la frente sudorosa, te lo intento decir todo con ese humilde beso. <em>Perin\u00e9 \u00edntegro<\/em>, como dices con gran satisfacci\u00f3n cuando vuelves de un trabajo bien hecho. Cuando expulsas la placenta, la joven matrona juega con ella como si fuese una bola gigante de plastilina roja y negra y, entonces, siento v\u00e9rtigo. Todo ha salido tan bien que la adrenalina se la ha envainado al instante y siento que la cabeza se me queda vac\u00eda. Lo manifiesto con prudencia y me mandan a sentarme en el suelo, junto a la pared. Sueles decir que a los padres, si se quejan en un parto, les dan una patada y los abandonan a su suerte, son la \u00faltima prioridad en un paritorio; a m\u00ed me ofrecen agua con educaci\u00f3n y me hacen un hueco para poder mantener el lazo visual con madre y beb\u00e9, no puedo estar m\u00e1s agradecido. Como mi aviso fue muy preventivo, pronto me levanto con confianza y escucho a la joven matrona agradecerte el parto, como si considerase un privilegio haber asistido a un alumbramiento as\u00ed, de sentar c\u00e1tedra. Alfonso nos mira como pensando que el m\u00e9rito es suyo, \u00a1qu\u00e9 bienvenido eres!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El ombligo de Alberto Olmos. No me conmueve el horizonte No me da miedo la muerte No me importa tu desorden Me asusta mucho perderte. 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