El Perú: Más Zapatilla Que Miel (1 de 5: Lima)

[Esta sería la cabecera donde se explica de forma somera que, después de un año de hibernación, y una vez concluido el personalmente constructivo #project366 en Instagram, retomamos la vida de este blog que nació en mayo de 2008 y al que le quedan pocos pero serios lectores.]

Es jodidamente difícil empezar. A ver cómo se podría sintetizar un viaje de dos semanas por Perú en un post. Y eso sin convertirse en una guía de viajes, que hay miles de descripciones de rutas similares por la blogosfera (qué bonita palabra), y sin entrometerse en exceso en las enriquecedoras vivencias personales disfrutadas, más que nada porque precisamente son “personales”.

No obstante, y sobre todo siendo consciente del tipo de lectores que llegan a este blog, me he visto en la necesidad de lanzarme a este océano de descripciones, consejos y reflexiones acerca del Perú. Por un lado, para que si alguien me pregunta que qué tal el viaje pueda contestarle “pues mira, genial, una experiencia única; si quieres más detalles entra en este enlace”. Y por otro lado, porque no me cabe duda de que algún amigo querrá viajar allí, y me pedirá ayuda para preparar su viaje, y le podré remitir a esta entrada del blog (otros post sobre, por ejemplo, Berlín, Cerdeña o Dublín han corrido el mismo destino).

El vuelo desde Madrid hasta Lima dura once horas en las que se recorren casi 10.000 Km. Como cifra solo tiene cuatro letras: “o-n-c-e”, pero como tiempo en un avión se puede traducir en “eternidad”, o en tres películas y una siesta. Pensaba que sería maravilloso sobrevolar la Amazonía brasileña, pero se vuela tan alto, tan por encima de las nubes, que la ilusión se queda casi en la estratosfera. Canalizamos esa ilusión a través de unos paradójicamente sabrosos tortellini de ricotta y espinacas cocinados por la señora Iberia.

Cuando aterrizamos, lo primero que me sorprendió fue ver que allí hablaban en castellano y que entendía los carteles publicitarios en mi lengua materna. Puede parecer una perogrullada, pero a los que solo hemos volado por Europa nos parece mágico aterrizar en país con nuestro idioma. A lo largo de todo el viaje valoras lo bonito (y útil) que resulta conversar en tu lengua con gente de todos los países de un continente (incluso aunque sean argentinos es bonito). Qué cantarín es el acento chileno, qué amable resulta el peruano, qué noble el colombiano, qué engolado el caribeño; multitud de colores para un idioma maravilloso.

Llegados a este punto podríamos incidir en los motivos por los que allí se habla español y abrir un extenso debate acerca de la colonización y de la expansión de la Corona de Castilla por el Nuevo Mundo. Sería un asunto apasionante porque, a priori, parece inconcebible que un puñado de soldados españoles sometiesen a todo un continente. En este caso concreto de Perú, el castizo extremeño Francisco Pizarro, junto a los famosos Trece Caballeros de la isla del Gallo, iniciaron la conquista del Imperio Incaico. La Historia tiene mucha letra pequeña y, aunque erigirnos en justicieros del pasado es una singularidad muy española, nos limitaremos a subrayar los hechos: los españoles arrasaron la cultura incaica, sus tradiciones y forma de vida, para imponer su cultura, su lengua y su religión (la célebre evangelización indígena). Sin ánimo de valorar, el Imperio Incaico también tuvo espíritu de expansión y sufrió una decisiva guerra civil en disputa por el trono justo antes de la llegada de Pizarro. Saltando en el tiempo, hoy la conquista la lideran Coca-Cola y Facebook, presentes en el más recóndito lugar de la selva amazónica.

Antes de la digresión, andábamos alabando a nuestro idioma común ya en el aeropuerto de Lima. Nota mental: recuerda no cambiar euros por soles en el aeropuerto porque el cambio es el menos ventajoso posible y fuera se pueden encontrar montones de pequeñas casas de cambio (en el barrio de Miraflores, incluso cambiadores oficiales con chalequito).

Lima es una gran urbe que mira desde la altura al Océano Pacífico a través de un conglomerado urbano de unos diez millones de habitantes (un tercio de la población de Perú), lo que convierte su día a día en un tremendo caos de tráfico y una vorágine de vida. Al tráfico se suma el ruido, principalmente de las bocinas de los coches; deben fabricar los coches peruanos con bocinas especiales para aguantar los cientos de bocinazos diarios. Mientras sales del aeropuerto y recorres el distrito del Callao (con una densidad de población de más de nueve mil habitantes por kilómetro cuadrado) no puedes evitar acordarte de cómo será el tráfico en mega-ciudades como Ciudad de México, Manila o Delhi. Al tiempo, y desde el taxi, te auto-agradeces la sensatez de no haber pensado en alquilar un coche. Por cierto, que el precio del taxi se negocia y regatea antes de subirte para evitar abusos.

El barrio residencial y comercial por antonomasia es Miraflores, que cuenta con todos los servicios imaginables y con vigilantes callejeros y serenos para mantener el orden en el distrito, un orden pacífico bastante chocante en Lima. Miraflores está encaramado al Pacífico, un océano gris y bravo, hostil en su inmensidad para disfrute de surferos.


Vista del bravo Océano Pacífico, la primera vez que lo veo.

Muchos de los turistas que se acercan a Perú utilizan Lima como escala más que como destino, y es que en realidad a nivel turístico es poco atractiva. Ya desde el hotel lo advierten, al tiempo que aconsejan por seguridad ceñirse a visitar, además de Miraflores, los distritos de Barranco y Centro Histórico. Venden Barranco como el barrio bohemio de la ciudad, aunque al trote parece un barrio residencial que no pasará a la historia. De hecho, su principal atractivo es el decepcionante Puente de los Suspiros.


Puesta de sol en el Pacífico desde el distrito de Barranco.

El Centro Histórico, por su parte, es Patrimonio de la Humanidad y deja entrever cómo la historia ha pasado por Lima durante los últimos siglos desde su fundación por Francisco Pizarro en 1535. La tumba del conquistador español, y fundador de la ciudad, se ubica en una capilla de la Catedral, en plena Plaza de Armas. Dicha capilla, en la que también exponen la cajita en la que supuestamente se conservaba la cabeza de Pizarro (la historia del cadáver del extremeño da para una tesis doctoral), está revestida al completo por atractivos mosaicos de entre los que destaca el frontal, donde se lee su histórica frase: “Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos, escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere”. En este rincón limeño tomamos conciencia de lo que supuso la Conquista de América; y esta sensación ya nos acompañará durante todo el viaje.


Mosaico en la capilla de la tumba de Francisco Pizarro en la Catedral de Lima.


Cambio de guardia en el Palacio de Gobierno de Lima.

Abandonando asuntos históricos y arquitectónicos, la burocracia peruana para conseguir una simple tarjeta (“chip” lo llaman) prepago para el móvil resultó lo tediosa y desesperante que se podía prever. Cuatro tiendas, entre ellas la de Movistar, con resultado negativo tras dos o tres horas desperdiciadas. Tuvimos que rendirnos y salir a pasear por la avenida para que la providencia nos enviase a dos chavales, desconocemos si profetas o emisarios celestiales, que nos ofrecieron una tarjeta telefónica de Bitel por 5 soles (menos de un euro y medio al cambio). El trámite de contratación duró apenas dos minutos. Para celebrarlo, nada mejor que tomar un pisco sour local.

Cualquier guía de viajes resalta a Lima como la capital gastronómica de Perú, lo cual es mucho decir en un país en la élite de la gastronomía mundial. Gracias a unos amigos, pudimos disfrutar de una experiencia única de cocina nikkei, fusión de cocina japonesa y peruana, en uno de los mejores restaurantes del mundo, el Maido. Para afrontar una cena de este tipo hay que dejar prejuicios en la puerta y ser valiente, o al menos parecerlo, porque te enfrentas a un conglomerado de sabores radicalmente ajenos al paladar manchego. Es célebre que la cocina nikkei se caracteriza por ser transgresora y rebelde, de ahí que casi todos los bocados resulten impactantes al gusto (supongo que el uso abundante del limón y los sabores picantes como el del ají juegan su papel al respecto). Sin ser un gastronauta, me quedó la valoración de que cada uno de los trece platos de la experiencia iban ocupando ordenadamente un hueco en mi estómago y activando unas aristas del paladar, como si la comida y el maridaje estuviesen cabalmente medidos para formar un conjunto.


Original presentación del primer plato sobre roca volcánica en Maido.


Un choripan con papas fritas también es cocina nikkei.

A finales de septiembre comienza la temporada de lluvia en Perú, y apareció la mañana que abandonamos Lima. Un taxista predicador nos llevó al aeropuerto incidiendo en la importancia de Dios para que España forme Gobierno (sic) y resaltando que sus manos sobre el volante eran guiadas por Dios para llegar siempre a buen destino, lo cual, en mitad del atasco matutino limeño resultaba inevitable. En Perú se siente en la calle el fervor católico con más intensidad que en España; los rótulos de muchos taxis son un claro ejemplo. Y, antes de dejar Lima, sobrevivimos a una “amenaza de bomba” en la cafetería del aeropuerto; alguna despistada había olvidado el bolso en una mesa cercana a la nuestra. Un agente de la ÚDEX (Unidad de Desactivación de Explosivos) desactivó el bolso antes de que estallasen los pintalabios y los bolígrafos.

P.S. Prometo que en las siguientes entradas habrá más fotos y menos rollo 🙂

Cerdeña y sus playas

Cerdeña, paraíso mediterráneo, es la segunda isla más grande y poblada del Mare Nostrum, en ambos parámetros solo por detrás de Sicilia. Su forma se podría simplificar como un rectángulo de 240 Km. de alto y 100 Km. de ancho, con una superficie total poco mayor que la provincia de Badajoz. Y sin embargo, qué cantidad de esencias contiene y qué multitud de elementos atractivos ofrece.

Cerdeña es una isla de contrastes. Quién haya estado en Orgosolo y en Porto Cervo sabe de lo que hablo.

Orgosolo es un pueblo áspero colgado de la ladera de una montaña y ubicado en el interior de la isla. Orgosolo tiene fachadas de bloques grisáceos sin terminar, vecinos de ceño fruncido, aceras descuidadas y trato distante. No en vano, se encuentra en la zona denominada Barbagia, que viene de Bárbaro, por la imposibilidad que encontraban diferentes conquistadores de la isla para reducir a la población de esta agreste región sarda, tanto por las dificultades orográficas como por la capacidad de lucha de sus gentes. En concreto, Orgosolo se convirtió en un referente de resistencia pacífica y obstinada contra la ocupación militar en la lucha de Pratobello. En Orgosolo gustan más de pelear que de sonreír.

La antítesis está a unos 150 Km. y se llama Porto Cervo, capital de la Costa Esmeralda, símbolo de riqueza y ostentación, destino vacacional de Berlusconi y de eso que se llama «jet set». En Porto Cervo se respira poderío económico, calles pulcras, jardines milimétricamente cuidados y coloridos, un puerto plagado de yates indescriptibles anexos a un concesionario de Rolls Royce. No hay apenas coches en las calles porque todos tienen garaje, y tampoco hay sitio donde aparcar, al menos sin pagar. Aunque no lo comprobé, dicen que para pagar una botella de agua o un espresso necesitas un billete. Y por si fuese poco el agua del mar brilla cristalina, limpia y de color, eso, esmeralda.

En Cerdeña se percibe un gran contraste entre la calidad de vida del acaudalado norte, gracias al aséptico turismo pudiente, y el empobrecido sur, afable y sosegado. También se descubre un gran contraste entre las paradisiacas playas costeras y el agreste interior, de monte virgen y paisajes cambiantes. Atravesar el interior de Cerdeña requiere trayectos lentos por carreteras secundarias entre montañas abruptas y curvas sinuosas.

No obstante, el mayor atractivo turístico de Cerdeña son las maravillosas playas que bañan su costa por todo su perímetro. Sin poder valorar todas, a continuación describimos algunas fundamentales, cada una por un motivo diferente:

Golfo del Orosei (Cala Gonone, Este)

No es una playa, sino un golfo con varios kilómetros de costa en el Parque Nacional del Golfo del Orosei desde el pueblo de Cala Gonone hasta el Capo Monte Santo. En esta costa conviven algunas de las calas más impresionantes del mundo, de aguas cristalinas, rocosas y protegidas por acantilados y la característica elevación de la isla; no en vano algunas de las calas solo son accesibles a través del mar. Las más conocidas son Cala Goloritze, Cala Luna y Cala Mariolu, ejemplos de naturaleza virgen y aguas tranquilas. Si tuviese que estar solo un día en Cerdeña lo invertiría en esta región.

Playa La Pelosa (Stintino, Noroeste)

La Pelosa es posiblemente la playa más conocida y valorada de la isla, ubicada en la punta noroeste y enfrentada al Parque Nacional de Asinara. Y claro, al ser tan conocida, está repleta de bañistas y de vendedores de toallas. Lo merece por sus aguas transparentes y calmadas, su limpieza y su poca profundidad en muchos metros de costa. La Torre de la Pelosa le da también un punto de colorido al paisaje.

Cala Li Cossi (Costa Paradiso, Norte)

Una cala que se encuentra en un municipio denominado Costa Paradiso tiene que ser atractiva ya de por sí. El romanticismo de esta pequeña cala encerrada entre montes radica en el paseo a pie de alrededor de 1 Km. que hay que recorrer para alcanzarla a través de un sendero bien señalizado y con unas vistas inolvidables. Esta playa es cómoda, tranquila y apropiada para el snorkel por la variedad de peces que contienen sus aguas.

Playa Is Aruttas (Oristano, Oeste)

Is Aruttas es también una de las playas más conocidas de Cerdeña, posiblemente por encontrarse en uno de los municipios más grandes de la isla, Oristano. La playa está formada por pequeñas piedrecitas de cuarzo blanco que le dan un color característico que resplandece sobremanera en el atardecer. Tiene todos los servicios, incluso duchas de agua dulce, y se alcanza en coche a través de una pista de tierra.

Playa Le Dune di Piscinas (Arbus, Suroeste)

Para llegar a Piscinas hay que atravesar la escarpada Costa Verde sarda, impagable paisaje de montañas de denso arbolado, y solo por eso ya merece la pena. Además, unos kilómetros antes de llegar se atraviesa una zona minera abandonada vecina a Ingurtosu fotogénica y reflexiva. Y a medida que te aproximas a la playa, la vegetación se va confundiendo con altas dunas de arena, de donde recibe su nombre la playa, de las piscinas que se forman de agua estancada entre las dunas. La playa es ancha y larga y de arena finísima y llama la atención que haya tanta gente en un lugar tan poco accesible. Por algo será.

Cala Brandinchi (San Teodoro, Este)

Cala Brandinchi y Lu Impostu son dos playas gemelas ubicadas en el municipio de San Teodoro, de fácil acceso y señalizadas, pero con parking de pago común, eso sí. Cala Brandinchi dicen que es la «pequeña Tahití» por sus aguas cristalinas y salvaje vegetación colindante, además de por su ancha franja de agua en la que «se hace pie». Por la zona en la que se encuentra, tiene mucha vida.

Playa Capriccioli (Arzachena, Noreste)

Esta playa se encuentra en el corazón de la archiconocida Costa Esmeralda, vecina a Porto Cervo y Olbia, y también tiene parking de pago. Resulta redundante decir que el color de sus aguas es hiptonizante. Dada la zona residencial pudiente en la que se ubica, se respira ambiente de riqueza y ostentación y se divisan los cuerpos bien bronceados. Desde la orilla se pueden ver los veleros y yates pasear por el mar y soñar con una vida así.

Hay muchas más, es difícil equivocarse de playa en Cerdeña, aunque todas las enumeradas son representativas y atractivas. Qué pena que ahora solo quede mirar las fotos y no disfrutarlas en vivo.

Divergencia

Mireia
Mireia Belmonte vuela, nada y fluye.

He visto tantas fotos de vuestras vacaciones en Facebook que creo haber estado en todas las playas de la costa española este verano. Diría que incluso he hecho el camino de Santiago, he reposado en Tailandia, he navegado por la costa croata y he dormido en campings noruegos. Y casi al tiempo y sin eternas esperas en Adolfo Suárez. En algunas ocasiones incluso abro la vista satélite de Google Maps de esa playa en la que te ubicas para hacerme una idea de si la arena es fina y el agua es transparente. Me encantan vuestras playas, de Formentera a Caños de Meca y de Cullera al Sardinero. Tus fotos, tan morena, y tu insinuante bikini en fotos grupales con tus amigas, tu sonrisa abierta y despreocupada y las tortillitas de camarones que te tomas de aperitivo en el chiringuito antes de comer. Acompañadas de un vinito blanco fresquito, para que la siesta sea, si cabe, más apetecible. Me gusta el sombrero que le regalas al chico que conoces la segunda noche, aunque lo lleve más por moda que por gusto, y las fotos que te roban tus amigas mientras lo abrazas con el agua por la cintura. Me gusta verte pasarlo bien aunque sepa que no serás feliz por divergencia de expectativas.

Ayer vi «La vida de Pi», a pesar del escepticismo: pensaba que se trataba de una película infantil de animación. Y disfruté con esa lección acerca de la fe, de cómo la duda alimenta la fe y de cómo la esperanza nos mantiene vivos. ¿Qué espera quién no espera nada? A través de una perspectiva de «realismo mágico» se traza una historia emotiva de supervivencia con escenas que me sabían a «El viejo y el mar» y a «El viaje de Chihiro». Y al final, como antes, divergencia de expectativas, ergo lágrimas desesperadas: lo que dice una mirada que no llega. Los abrazos que no se dan, los comentarios que no se hacen, las despedidas que se esfuman sin concretarse, ¿dónde se van? Coño, no seas cursi, a ningún lado, así que tú verás si prefieres que se evaporen o se manifiesten.

Mireia Belmonte es un delfín de acero, lo que bien podría considerarse un animal mitológico. Titánico el esfuerzo de una nadadora en pruebas como los 800 metros libres, más de ocho minutos nadando a gran intensidad, medalla de plata. Disfruto viendo cómo fluyen por el agua los nadadores, a esa velocidad, en cualquier disciplina; no soy capaz de medir o valorar su ritmo porque la natación de élite me parece magia. Fútbol, baloncesto o ciclismo son deportes en los que la vara de medir personal es capaz de valorar la calidad o esfuerzo de un deportista, pero los nadadores me resultan superhéroes acuáticos. Poco después Mireia quedó última en la final de doscientos estilos, exhausta, y lo que aparentemente puede considerarse un fracaso por la divergencia de expectativas no es sino otra demostración de su acero.

Alma y barro

Orbea Master Alma
Alma embarrada.

La vida es como montar en bicicleta:
para mantener el equilibrio hay que seguir pedaleando.

[Albert Einstein]

Puedes estar a casi cuarenta grados a la sombra, julio a mediodía, con un alto grado de humedad por estar a la orilla del mar, prácticamente deshidratado y con el botellín de agua totalmente seco. Puedes ser consciente de que desde el fondo de la cala Salitrosa no tienes escapatoria si no a través de una ascensión con la bicicleta de varios kilómetros, bien al sur, bien al norte. Puedes estar exhausto, descamisado, sin fuerzas apenas ni para arrastrar la bicicleta a pie por un sendero pedregoso que roza un precipicio que cae al mar. El sudor cae continuo por las cejas y te pican los ojos, te arde la piel del calor abrasador, el corazón se desborda ante el sacrificio y los pulmones no dan abasto. Puedes sufrir e incluso pensar que vas a ser incapaz de llegar hasta arriba. Pero pedalada a pedalada, paso a paso, va quedando un poquito más camino atrás y un poquito menos delante, hasta que llegas arriba y te asalta el miedo de tu inconsciencia, a pesar de haberlo conseguido.

Da todo igual. Al día siguiente vas a estar deseando volver a superar el reto.

La maldita Isla de Pascua

GSB en Isla de Pascua
GSB en la Isla de Pascua.

No tengo miedo a hartarme de ti, es lo que pretendo,
no tengo miedo a repetir errores horrendos.
De humanos es errar y errar y nadie ha visto el averno
no tengo miedo a repetir, no tengo miedo.

[Mañana, tarde y noche, Sr Chinarro]

Un ex-compañero de tesis y fútbol, que sabe que hay que empujar la bola cuando está en la línea de gol y que tiene las conexiones neuronales tan atípicas que estudia programación declarativa, me prometió hace años que iría a la isla de Pascua con la camiseta ganadora del pasado concurso de este blog en honor a una cita de Henry Miller que leyó por aquí:

«¡Personna non grata! ¡Joder, qué claro lo veo ahora! No había dónde escoger: tenía que tomar lo que había a mano y aprender a apreciarlo. Tenía que aprender a vivir con la escoria, a nadar como una rata de alcantarilla o ahogarme. Si optas por incorporarte al rebaño, eres inmune. Para que te acepten y te aprecien, tienes que anularte, volverte indistinguible del rebaño. Puedes soñar, si sueñas lo mismo que él. Y en cuanto te vuelves algo diferente, te encuentras en Alaska o en la Isla de Pascua o en Islandia

A la vista está que cumplió su promesa y cerró el círculo: gin soaked boy desterrado a la isla de Pascua. Por no soñar bien, por no balar bien. El doctor Rubio tampoco sabe echar cagarrutas esféricas y negruzcas, y se niega a resignarse a que los ricos hagan trampas y a que reinen los herederos. No creo que lea las noticias que deprimentemente suelen encaramarse a los diez primeros puestos de las noticias más leídas en cada periódico digital ni creo que sume uno a los telespectadores de los programas más vistos. Eso le puede causar un problema que magistralemente resume un pintor pedroteño: «o te aclimatas o te aclimueres». Y entre esas dos aguas nos movemos todos, matando y muriendo.

Ahora que a ese rubio manzano le crecen los frutos casi en las antípodas está aprendiendo a pensar del revés, como no podía ser de otra manera para un experto en Prolog, y a ver los sumideros de agua tragando con un giro inverso al que veía en los secarrales manchegos de toda la vida. Eso me contaron en el cole y me lo creí, pero no he bajado del ecuador para comprobarlo. En realidad, me da igual, es física, no química.

Él se gana las castañas en una universidad sudamericana de nombre divertido, Bio Bio, y ya es de los que teme más a los terremotos que a los políticos. De él, como de tantos amigos, pienso que acertaron al lanzar su destino hasta otras latitudes. También creo que tendrán complicado dejarse imantar por su patria, por sus cosas. Aunque en ello confiamos, siquiera sea por echar una cerveza en El Perro o darle otro pase de gol.

Chica guapa, chico guapo, metro

Esperamos
Fragmento de revista universitaria de los años sesenta.

Es sin duda el momento de pensar
que el hecho de estar vivo exige algo.

[Gil de Biedma]

Estaban en el andén de enfrente, también esperando el metro pero en sentido opuesto a Atocha, mi destino, aunque Atocha nunca es un final. Esperamos la continuación del programa. Ambos jóvenes. Ella alta, estilizada con sus botines negros, pantalones ajustados, pelo corto, él elegante, complexión deportista, con bufanda grisácea y breve barba morena. Discutían con moderación, como si el asunto no fuese vital para su ¿relación? ¿supervivencia? ¿domingo? Eran tan guapos que costaba creer que pudiesen hablar de política. Aunque es obvio que desde mi andén no escuchaba la conversación. No queremos que esta juventud inquieta se pierda. Algún que otro beso, alguna mirada de altanería de ella, algún gesto mitad aburrimiento mitad apatía de él. Inventé que no eran felices. En «Yo confieso» se decía que no hemos venido a la vida para ser felices. Más bien parece un cúmulo de fracasos, ridículos y errores, un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento (Baudelaire) del que intentamos salvar una minúscula gavilla de instantes de satisfacción y gloria. La pesadilla que se esconde tras los párpados del sueño (Bolaño), un amago de esperanza en el que al final el aburrimiento compensa. El aburrimiento que monotoniza lo cotidiano para ralentizar el paso del tiempo y que podamos, cada noche antes de dormir, ser conscientes de lo finito e imprescindible que somos. El remolino de angustias que nos rodea. Acotados en nuestros límites auto-impuestos para montar el campamento de nuestra comodidad. Qué tonterías. Ayer hubo elecciones pero solo pienso en volver a trabajar para escuchar una vez más el concierto de Remate que retransmitió Julio Ruiz desde el Museo Cerralbo y que el sofá es terriblemente incómodo aunque Anna Simon esté cantando en la tele. Hay que seguir viviendo.

Un amigo me recordó el otro día una charla a la que asistimos en un congreso nacional en Huelva impartida por el profesor Enric Trillas, con toda probabilidad (sic) el mayor experto en lógica borrosa de España, un hombre que transmite un palpable entusiasmo por el aprendizaje. Las matemáticas siempre encajan, los gintonic no. Decía Enric que siempre se puede decir la verdad, basta ser suficientemente impreciso. No queremos promesas sino realidades, por lo que solo nos falta acotar la incertidumbre de esas promesas para definir el espacio de nuestra realidad admisible. Yo sólo tenía una certidumbre: que la chica iba delante de mí hacia la boca de metro -claro que me di cuenta- y que el chico llegó un par de minutos después. La chica pudo decirle antes de salir de su piso palabras como las anteriores: «dime la verdad» y «no más promesas» y «no te andes por las ramas» (no eres suficientemente impreciso). Él quizá sólo aspiraba a alentar ilusiones.

Destruyendo mitos: yo los percibía como dos objetos erráticos en un mundo inconexo, a pesar de su belleza, por mucho que Teilhard de Chardin plantease la cumbre opuesta: a falta de otras cualidades en nuestra mirada, el hombre seguirá siendo para nosotros, hágase lo que se haga para hacernos ver, lo que es todavía para tantas inteligencias: objeto errático en un mundo inconexo. Que se desvanezca, por el contrario, de nuestra óptica la triple ilusión de la pequeñez, de lo plural y de la inmovilidad, y el hombre adquirirá sin esfuerzo el puesto central que anunciábamos: cumbre momentánea de una antropogénesis que corona una cosmogénesis.

Su tren llego antes que el que yo esperaba. Ella se marchó dejando huellas y él se quedó. A los que somos de pueblo nos llaman la atención estas cosas insignificantes de Madrid, o que haya gente recogiendo colillas del suelo o que se vaya de copas a una tienda decorada del siglo XVIII. A los pueblerinos también nos extraña que un aficionado del Rayo Vallecano robe dos libros. Lo mismo hasta los ha leído.